En las últimas semanas, Puerto Rico ha vuelto a ocupar titulares en Washington. La administración Trump tomó una decisión que ha generado fuerte debate: redirigir 365 millones de dólares originalmente destinados a proyectos de energía solar y baterías para reforzar la red eléctrica mediante plantas fósiles.
La medida llega en un momento delicado: la deuda de la Autoridad de Energía Eléctrica (PREPA) sigue pesando sobre los consumidores, mientras contratos con LUMA y Genera PR concentran la operación del sistema. Aunque la reestructuración redujo la deuda de $10 mil millones a $2.6 mil millones, la realidad es que el servicio continúa siendo inestable y costoso.
¿Qué busca la Casa Blanca?
El Departamento de Energía, bajo la dirección de Chris Wright (nombrado por Trump), defendió la medida argumentando que las plantas fósiles ofrecen capacidad inmediata y despachable, algo clave frente a los constantes apagones. La gobernadora Jenniffer González-Colón, cercana a Trump, apoyó la reorientación de fondos, alegando que beneficiará a toda la población en vez de un número limitado de hogares con placas solares.
Sin embargo, críticos como la congresista Nydia Velázquez y organizaciones como Hispanic Federation denuncian la decisión como un retroceso, justo a las puertas de la temporada de huracanes.
Privatización, mercado eléctrico y nuevas opciones
El sistema eléctrico de Puerto Rico ya está en proceso de transformación:
👉 Privatización parcial: LUMA opera transmisión y distribución; Genera PR gestiona generación.
👉 Mercado competitivo: La Ley 17-2019 ordena un estudio sobre abrir el sector a competencia privada, con fecha límite de junio de 2025.
👉 Alternativas futuras: Se evalúa la posibilidad de mini reactores nucleares (SMRs), recomendados en estudios internacionales como una opción viable para diversificar y estabilizar la matriz energética.
¿Hacia dónde vamos?
La discusión sobre el futuro energético de Puerto Rico está marcada por tensiones entre tres modelos:
Fósiles a corto plazo, para garantizar energía inmediata.
Renovables descentralizadas, que dan resiliencia comunitaria pero avanzan lentamente.
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Opciones innovadoras, como los microreactores nucleares, que requieren visión de largo plazo.
El reto será decidir si seguimos atrapados en un modelo de dependencia fósil y burocrática, o si abrimos de verdad el sistema al mercado, la competencia y la innovación.
✍️ Conclusión: Puerto Rico no puede seguir dependiendo de decisiones improvisadas desde Washington. La isla necesita un plan energético estable, competitivo y abierto a nuevas tecnologías, donde los consumidores tengan poder de elección y no sean simples rehenes de monopolios estatales o contratos mal diseñados.
📌 © 2025. Publicado por Frente Libertario de Puerto Rico.
Este artículo es parte del blog Faro Boricua, un espacio de análisis desde la libertad.
